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Las ciudades inteligentes no solo son sistemas tecnológicos interconectados, construcciones futuristas, automatización y motilidad avanzada, sino sobre todo una experiencia inteligente de vivir, y el bienestar de los residentes.

En el corazón del ecosistema de una ciudad inteligente deberá estar la seguridad ciudadana y el otorgar una satisfacción ciudadana completa. Las tecnologías tales como Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas se utilizarán para hacer que las ciudades inteligentes estén centradas en el ciudadano, y se desarrollarán para otorgar más confort  a los ciudadanos. “El ciudadano primero” ha sido siempre un fundamento del desarrollo de la ciudad inteligente.

Los ciudadanos antes que la tecnología

Tomando en cuenta este enfoque centrado en el ciudadano, se resalta que para llevar a cabo la transformación hacia una ciudad inteligente, las ciudades necesitan seguir un enfoque metódico y enfocarse en construir un marco de trabajo sostenible. Evolucionar hacia una ciudad inteligente no es una meta final, sino un proceso continuo.

El reconocer las necesidades y aspiraciones de los ciudadanos y el trabajarlas de manera efectiva y dinámica es un factor importante que debe considerarse. Mientras que invariablemente cada nación desea avanzar y desarrollar ciudades de la mejor manera posible, la ruta necesita enfocarse más en la faceta humana.

Luego de más de una década de investigación en planificación urbana inteligente, los creadores de políticas han entendido que la tecnología es solamente un facilitador y un optimizador de recursos en las ciudades inteligentes. Pero en el corazón de una ciudad inteligente están los seres humanos, su interacción con la tecnología, y el dinamismo y vitalidad que una experiencia inteligente de vivir añade a la vida de cada uno.

Los tres pilares

También se han identificado tres capas cruciales que necesitan trabajar juntas para hacer un núcleo (hub) de ciudad inteligente. Primero, las ciudades necesitan una capa de sensores y dispositivos a través del entorno físico. Los smartphones son un elemento importante, puesto que actúan como sensores móviles y permiten a los usuarios interactuar por medio de aplicativos.

Como segunda capa, las ciudades necesitan eficientes redes de comunicación. Estas incluyen redes móviles y de banda ancha para cargar archivos, así como de baja latencia. Otro aspecto para los residentes y visitantes es cobertura Wi-Fi pública gratuita.

En tercer lugar, los portales de datos abiertos también juegan un rol importante en promover la investigación y la innovación. La democratización de los datos y su transparencia es extremadamente importante para desarrollar una ciudad inteligente. Las ciudades almacenan una vasta cantidad de datos acerca de todo, desde estadísticas de crímenes hasta matrículas a colegios, y reportes de inspecciones de salubridad. El hacer estos datos fácilmente accesibles ayuda en un rápido desarrollo de soluciones específicas y análisis precisos. Esto también ayudará a fomentar una cultura de rendición de cuentas y una genuina participación ciudadana.

Para poder considerarse una ciudad inteligente, todos estos criterios deben cumplirse.

Pero además, y contrariamente a la percepción común, no es el sector público sino el privado el que inicialmente debe gestionar los recursos para una ciudad inteligente. Esto no significa que el rol del sector público es periférico, sino que necesitamos realinear nuestros paradigmas con miras a un mayor involucramiento del sector privado.

Aditya Chaturvedi